Presencia En Palestina

La Misión Eclesiástica Rusa en Jerusalén

La Santa Tradición nos enseña que la primera peregrina alos Santos Lugares, donde Nuestro Señor Jesucristo nació, enseñó, realizó sus muchos y grandes milagros, sufrió, fue sepultado y resucitó de entre los muertos y ascendió a los cielos, fue Su Santísima Madre, la Virgen María. A través de los tiempos los corazones Cristianos se esforzaron por seguir su ejemplo.

El pueblo de Rusia, poco después de la conversión al Cristianismo, comenzó a llevar a cabo peregrinajes. Sabemos del Abad Daniel, quien visitó Jerusalén en el siglo XII y encendió un cirio por la Tierra de Rusia. A través de los siglos, el número de peregrinos rusos en Tierra Santa siempre creció, sobrepasando los miles cada año.

En 1847 la primera Misión Eclesiástica Rusa fue enviada a Jerusalén; fue encabezada por el Archimandrita Porfirio (Ouspensky, quien más tarde se convirtió en Obispo), pero no gozó del reconocimiento del Gobierno Turco y fue una iniciativa privada por parte de la Iglesia Rusa. El archimandrita Porfirio y sus compañeros (entre ellos - el Hieromonje Teófanes, el futuro obispo-recluso) se ubicaron en el Monasterio de los Arcángeles en la Ciudad Vieja, pero su trabajo fue interrumpido por la Guerra de Crimea y la Misión tuvo que retornar a Rusia.

Después de la guerra, el Emperador Alejandro II se preocupó acerca de la situación de los peregrinajes rusos en Tierra Santa. En aquellos años, Rusia no tenía ni consulado ni ninguna otra institución (como la futura Sociedad Ortodoxa Palestina) para proteger o dar asistencia a los viajeros rusos. Así, en 1857 fue oficialmente inaugurada la Misión Eclesiástica Rusa en Jerusalén, esta vez con reconocimiento del Sultán de Turquía; su propósito era ofrecer a los peregrinos rusos acompañamiento espiritual, dar asistencia y patrocinar un trabajo educacional y caritativo entre la población Ortodoxa Árabe de Palestina y Siria, y también sirvió como representante de la Iglesia Rusa ante la Madre de todas las Iglesias - la Iglesia de Jerusalén.

La Misión llegó a Jerusalén el 31 de Enero de 1858, siendosu jefe el talentoso Obispo Cirilo de Melitopol, quien fue sucedido por el Archimandrita Leonid (Kavelin), bajo el cual en 1870 la Misión se trasladó hasta su nueva propiedad, conocida como el "Recinto Ruso". A este jefe le sucedió el famoso Archimandrita Antonin (Kapustin), cuyo nombre es sinónimo de la Misión misma. Casi todo lo que la Iglesia Rusa adquirió o construyó en algún momento u otro en la Tierra Santa, está relacionado con su nombre. ¡Que su memoria sea eterna!

Para enumerar sólo algunos de los logros del Padre Antonin, reseñamos: compra de tierras en Hebrón con el Roble de Mambre, la cumbre del Monte de los Olivos, la propiedad en Jaffa con la tumba de Tabita, los jardines en Jericó, las tierras  en Tiberiades en las riberas del Mar de Galilea, la fundación del Convento en Ein-Karem, etc. Bajo su supervisión fueron construidos iglesias en Jaffa, el Monte de los Olivos, Ein-Karem y Gethsemaní. Estuvo además involucrado activamente en las excavaciones que develaron el Umbral de la Puerta del Juicio. Su trabajo fue continuado por sus sucesores, uno de los cuales, el Archimandrita Leonid II (Sentsoff), adquirió tierras en Betania y Jenin, y puso los cimientos de la iglesia de los Antepasados en Hebrón, pero desafortunadamente la Primera Guerra Mundial detuvo todo. El Archimandrita Leonid, junto con todo el personal y sacerdotes de la Misión, fueron expulsados de Palestina, y todas las iglesias fueron clausuradas. Soldados Turcos ocuparon el "Recinto Ruso". Las hermanas que se quedaron sufrieron amargas penurias y opresión.

Sólo en 1919, cuando fue establecido el Mandato Británico, se permitió a los integrantes de la Misión volver desde Egipto. Las iglesias fueron reabiertas y lo oficios reasumidos. Pese a que los años que siguieron tras la guerra fueron muy duros -se necesitaba reparar los edificios de la Misión dañados por la guerra y los Turcos, y la pérdida del financiamiento que desde Rusia apoyaba los esfuerzos-, durante este período fue abierta una escuela para niñas en Betania, se abrió el Convento de Gethsemaní, y se compró tierras en las riberas del Río Jordán.

En 1920, cuando los contactos con Moscú se perdieron,  y el Metropolitano Antonio organizó la Alta Autoridad desde la Iglesia en el Extranjero (predecesora del Sínodo de Obispos), la Misión inmediatamente se sometió a su jurisdicción. Pronto después, el Arzobispo Anastassy (después Metropolitano y segundo Primado de la Iglesia en el Extranjero) fue enviado a Jerusalén para ayudar a legalizar la situación bajo las nuevas condiciones.

La Guerra de 1948 y la división subsecuente del territorio entre Israel y Jordania, privaron a la Misión de muchos inmuebles, como el "Recinto Ruso" con la Catedral de la Trinidad, el convento en Ein-Karem, la propiedad en el Monte Carmelo, la iglesia de San Pedro con la tumba de Tabita en Jaffa, y Magdala - en las orillas del Mar de Galilea, todo lo cual pasó a manos del Patriarcado de Moscú. Sin embargo, como una nota de alegría, la Misión fue capaz de adquirir el sitio donde una vez estuvo el primer Lavra en la Tierra Santa - el Monasterio de San Jaritón en Wadi-Faran. En 1958 la Misión celebró solemnemente su centenario y el Sínodo de Obispos delegó al Arzobispo Alejandro de Alemania para encabezar las festividades.

En años recientes el Monasterio de los Antepasados con el Roble de Mambre en Hebrón, y ambos jardines en Jericó, pasaron al Patriarcado de Moscú, aunque nuestros clérigos pueden oficiar allí. Hoy, la existencia de la Misión es más que modesta, pero no ha perdido su corazón. Continúan celebrando los Oficios Divinos, conmemorando a todos quienes les ayudan, apoyan y pidan por ellos, ofreciendo hospitalidad a los peregrinos, y esforzándose en mantener aquello que fue heredado de nuestros Padres.

El actual jefe de la Misión es el Archimandrita Roman (Krassovsky).

(FUENTE: Sitio Web de la Misión Eclesiástica Rusa (ROCOR) http://www.jerusalem-mission.org/)